
| Iglesia del Dulce Nombre de Jesús |
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| Escrito por Alexander Joffre | |||||||||||||||||||||||||||||
La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús es el principal edificio religioso de Petare y, por tanto, el centro de la vida espiritual de sus habitantes. Fue construido a partir del mismo día de la fundación del pueblo, el 17 de febrero de 1621, cuando el padre Gabriel de Mendoza bendijo sus cimientos y trazó los límites del campo santo en su parte posterior. Primero fue una modesta ermita, luego una pequeña capilla y, finalmente, la majestuosa iglesia que se observa ahora, transformaciones que fueron efectuadas por las autoridades locales y los numerosos párrocos que sirvieron en ella. En 1630, el edificio, hecho de bahareque y palma, tenía dos aguas y una sola nave, trabajo que fue ejecutado por los frailes de San Francisco de Caracas. Hacia 1754 presentaba una estructura de tapia y rafas cubiertas de tejas, la capilla mayor estaba destechada y desenladrillada, el coro era de madera y la torre poseía dos puertas. Una inscripción en el friso del muro Norte, fechada el 26 de junio de 1798, indica el momento en que fue concluida una nueva construcción: la capilla mayor se concluyó con tapia y rafas cubiertas por tejas, y agregó una sacristía de dos piezas. La iglesia se encontraba en reparación cuando ocurre la visita pastoral del obispo Mariano Martí en 1772. Sin embargo, veinte años después su estado era lamentable y se temía por su derrumbe. En 1795 se desplomó el techo de la sacristía debido al desplazamiento de un muro, el cual cedió a causa de un terremoto y el deterioro de la lluvia. Se propuso entonces su reconstrucción y la ampliación de la sacristía. Estos trabajos fueron aprobados por las autoridades civiles y religiosos. Ciertas modificaciones fueron realizadas como consecuencia del gran daño causado por el terremoto de 1812. Su cementerio fue eliminado en 1830. En 1835, el padre Jacinto Madelaine comenzó la elaboración de un piso adicional para la torre, que concluyó después fray José Maraury en 1858. Para entonces, el templo presentaba tres naves techadas con tejas. Su reloj fue colocado en 1861. El grabado de H. Neun, fechado en 1877, muestra el exterior de la iglesia tal como la conocemos ahora. Iniciado el nuevo siglo, la iglesia presentaba un óptimo estado, aparte de la grieta en la pared izquierda del presbiterio causada por el terremoto de 1900. Dos capillas fueron anexadas al final de las naves laterales entre 1925 y 1938. En 1964, el arquitecto Graciano Gasparini restauró su interior y encontró hermosas pinturas murales ubicadas a los lados de los retablos menores. El terremoto de 1967 provocó nuevos daños. Los últimos trabajos de conservación se hicieron en 1989. Características arquitectónicas La fachada principal posee tres cuerpos con pilastras que enmarcan los tres accesos a manera de portales coronados por frontispicios. Los tres vanos de la entrada son de arcos escarzanos muy rebajados, repetidos en los balcones de cada portal. En el tercer cuerpo, una pequeña ventana conopial destaca en medio de las formas onduladas del frontón. La torre está subdividida en pequeños volúmenes que dan continuidad a las líneas de la fachada principal. En su cúspide tiene tres campanas, un reloj y una cúpula de media naranja. Bienes de valor Gracias al aporte de varias generaciones, la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús posee numerosos objetos de notable valor, realizados en diversos materiales. Resaltan los retablos y las imágenes religiosas hechos en madera; las delicadas joyas de plata que adornan a los santos y los candelabros de este mismo material situados en el Altar Mayor; y los dos lienzos murales del maestro Tito Salas: El Nacimiento Azul y El Milagro del Cristo. a) Retablos e imágenes: Los retablos tienen la particularidad de haber sido conservados casi intactos. Pocos santuarios han tenido esa misma suerte en Venezuela. El Retablo Mayor muestra una clara influencia del estilo Rococó, producto de la intervención del tallista canario Domingo Gutiérrez, quien trabajó en la reconstrucción del templo hacia 1763. Esta obra tiene diez columnas y está formada por tres cuerpos en los que se observa un relieve de la Inmaculada Concepción; un nicho donde reposa la figura del santo patrono de Petare, el Niño Jesús; y cuatro pinturas que representan a los cuatro evangelistas: Lucas, Marcos, Juan y Mateo, ejecutados por Alonso Aponte en 1764. Los seis retablos menores, cuyo origen es posterior a 1780, están distribuidos a ambos lados del templo y reciben el nombre de la imagen que albergan en sus nichos. De esta manera en la nave de la Epístola se encuentran los retablos de La Victoria, Jesús en la Columna y Jesús en el Huerto, mientas que en la nave del Evangelio se localizan los retablos de La Candelaria, El Carmen y El Nazareno. Son obras trabajadas por ebanistas anónimos, probablemente procedentes de Caracas, quienes además de tallar la madera, la adornaron con pinturas al óleo e incrustaciones doradas. Los retablos de La Candelaria y La Victoria pertenecen al estilo Rococó, mientras que el resto son ejemplos del arte Neoclásico. Estas estructuras cobijan a otras venerables imágenes como el Ecce Hommo, Nuestra Señora de Coromoto, la Virgen del Rosario, San Judas Tadeo y la Santísima Trinidad. La mayoría se remonta al siglo XVIII y están esculpidas sólo en cara y manos, ya que el resto del cuerpo está constituido por una simple estructura de madera, lo que facilita su traslado durante las procesiones. Son tallas de bulto el Niño Jesús, Cristo de la Salud, Jesús en la Columna y Ecce Hommo. En general lucen vestidos de telas preciosas, pelucas de cabello natural y valiosas joyas, pertenencias que antiguamente eran custodiadas por las familias de más noble tradición en el pueblo. b) Platería:
Al Rococó de Ramos siguió un periodo de transición hacia el neoclásico. Con la influencia de este estilo, Pedro Fermín Arias elaboró con oro macizo la aureola del santo niño Jesús, incrustándole 55 esmeraldas y un cabujón del mismo material en el centro. Asimismo realizó en plata repujada y cincelada el Trono Procesional del Niño Jesús, el cual ostenta una corona sobre su pedestal. Bernardino Caballero continuó la tradición impuesta por Pedro Fermín Arias. De su producción, el templo conserva una valiosa custodia elaborada hacia 1873 en plata repujada, cincelada y dorada. Doce ándeles sostienen la base y otros cinco el sol adornado con esmeraldas. De autor anónimo son los zapatos del santo patrono, hechos en plata martillada con dobletes de color, y que aparecen registrados en los inventarios eclesiásticos por primera vez en 1847. Entre las últimas adquisiciones están las potencias de oro del Cristo de la Salud, que datan de 1947. c) Pinturas murales: Otros bienes valiosos de la iglesia son sus pinturas murales, localizadas en las paredes del fondo de los altares, alrededor de las puertas laterales y a lo largo del borde superior de las paredes. Generalmente representan las Cortinas de Damasco, motivo generalizado en las casas y edificios religiosos del Siglo XVII. De especial relevancia son dos querubines situados a los lados del retablo de La Candelaria, debido a la técnica empleada, el fresco, de la que existen escasos ejemplos en Venezuela.
BibliografíaCruz, E. (1995). Veinticinco templos de Caracas. Caracas: Fundarte. Duarte, C. (1979). Historia de la escultura en Venezuela. Caracas: Ediciones J. J. Castro y Asociados. Duarte, C. (1988). El arte de la platería en Venezuela. Caracas: Fundación Pampero. Ortiz, M. (1996). Preinventario del patrimonio cultural del estado Miranda. Bienes muebles. Caracas: Instituto del Patrimonio Cultural. Méndez Sereno, C. (1995). Petare a través del tiempo. Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos. Rodríguez, C. (1988). Datos eclesiásticos para la historia de Petare. Caracas: Impresos Omar. Imágenes
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La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús es el principal centro espiritual de Petare. Dada su importancia histórica y arquitectónica fue declarada Monumento Nacional.
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