
| Capilla Santa María Magdalena |
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| Escrito por Alexander Joffre | |||||||||||
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El terremoto de 1812 destruyó casi por completo la capilla, justo cuando estaba a punto de ser bendecida. Sin embargo, Manuel Muñoz financió su reparación, que concluyó en 1816. El párroco presbítero Salvador Delgado solicitó entonces su consagración al arzobispo Narciso Coll y Prat. En 1830 se hizo necesaria una nueva restauración, la cual corrió por cuenta de la hermana menor de Manuel Muñoz, Concepción, quien se distinguió como benefactora del pueblo de Petare, realizando diversas obras de caridad. En 1854 se instaló en la capilla fray José Maraury, recordado por la tradición local como un hombre altruista que se dedicó durante tres décadas a la atención de los pobres e indigentes en el Hospital de la Caridad. A su muerte en 1888, le sucedió el padre Manuel José Ávila, quien ofició los ritos religiosos hasta 1890. Continuó su labor el sacerdote José Denis Franchi, quien murió en 1902. Se hizo entonces cargo de la capilla el padre Antonio Marín, que siguió el ejemplo de fray José Maraury, sirviendo con gran esmero a los más necesitados en el Hospital de la Caridad. Vino luego el padre Feo, de corta estadía en Petare. Después del padre Valbuena llegaron el padre Alejandro Beretta y Fausto Gori, ambos recordados con estima y respeto. En la década de los años cincuenta, durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, el techo y los pisos del templo fueron reemplazados , y se reforzó la estructura de los muros con pilares de concreto armado. La capilla fue declarada Monumento Histórico Nacional, según la resolución de la Gaceta Oficial Número 26.320, fechada el 2 de febrero de 1960. Fue reinaugurada el 28 de julio de 1999, luego de una cuidada restauración en la que intervinieron más de cien voluntarios entre arquitectos, historiadores y devotos miembros de la comunidad de Petare. Actualmente no tiene capellán, y está bajo el cuidado de las hermanas de la Misión Guadalupana del Espíritu Santo. Características arquitectónicas Sobre sus características, vale decir que está dividido en tres naves, separadas por dos filas de columnas cilíndricas, cada fila con tres columnas completas y dos semicolumnas. En su lado occidental, un cuerpo del ancho de la torre aloja la sacristía y un depósito. La fachada presenta tres puertas de arco. La central, correspondiente al acceso de la nave principal, es la más alta y está enmarcada por un relieve de forma rectangular. Sobre el vano central se ubica un ojo de buey ovalado. No tiene frontispicio y se observan las dos aguas del techo. La torre del campanario está compuesta por dos cuerpos, el primero posee una puerta, mientras que el segundo está decorado en sus esquinas por pilastras toscanas planas, apoyadas sobre pedestales, las cuales sostienen un cornisamento decorado con dentículos. Al centro de cada una de las cuatro caras de la torre se abre un vano rematado por un arco. Esta estructura soporta un capullo de ladrillos de ocho gajos de forma algo apuntada, coronado por un florero y una cruz metálica. Su estructura está constituida por muros de tapia, reforzados con pilares de concreto armado y columnas de ladrillo; un techo de pares y nudillos metálicos, con dos vigas longitudinales de madera y cinco tirantes sencillos de madera, cubierto además con tejas de arcilla; y un piso de baldosas rojas rectangulares de cemento.
Otras piezas de valor son Santa Ana con la Virgen Niña, ubicadas en la nave oriental, y la Santa Ifigenia, colocada en la nave occidental. Cuentos de una capilla Existen algunas crónicas y leyendas relacionadas con la Capilla Santa María Magdalena. La primera se refiere a su otro nombre, Capilla del Calvario. Coromoto Méndez Sereno, cronista del Municipio Sucre, señala que en Semana Santa se celebraba en ese santuario los oficios de la Crucifixión. Para llegar al sitio, los fieles debían subir en procesión la pendiente de la actual Calle Guanche, recreando de esta forma los dolorosos pasos de Cristo hacia el Gólgota. Por otra parte, cuentan los petareños que cuando se reparaba la Capilla del Calvario, el Diablo adoptó diferentes formas para molestar a los obreros e interrumpir sus labores, demorando de esta forma el desarrollo de la obra. Algunas veces aparecía como un negrito, otras como un burro o algún personaje extraño que distraía a los trabajadores. Fray José Maraury, tras observar el sospechoso comportamiento de un negrito, se percató de la presencia de Satanás. En castigo tomó el lazo que usaba como cinturón y le propino unos buenos coscorrones. En otra ocasión descubrió al maligno en forma de asno, y le hizo cargar unas pesadas piedras durante toda una jornada.
BibliografíaFernández Alonzo, N. (1999, Julio 29). Recuperada capilla de El Calvario del Casco Histórico de Petare. El Nacional. p. C-2. Instituto del Patrimonio Cultural (1997). Cuadernos del patrimonio cultural. Miranda. Caracas: Autor. Mantilla, G. (1996). Preinventario del patrimonio cultural del estado Miranda. Monumentos nacionales y bienes inmuebles. Caracas: Instituto del Patrimonio Cultural. Méndez Sereno, C. (1995). Petare a través del tiempo. Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos. Noria Pino, R. (2001). Petare más allá del tiempo, más acá del porvenir. Miranda: Instituto Autónomo de Cultura del Estado Miranda. Ortiz, M. (1996). Preinventario del patrimonio cultural del estado Miranda. Bienes muebles. Caracas: Instituto del Patrimonio Cultural. Vargas Mendoza, L. (1987). Nombres, hechos y tradicones de Petare. Miranda: Concejo Municipal del Distrito Sucre. Imágenes
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La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús es el principal centro espiritual de Petare. Dada su importancia histórica y arquitectónica fue declarada Monumento Nacional.
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